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EL INODORO NO ES UNA PAPELERA

Las toallitas húmedas que se arrojan por el váter se han convertido en el enemigo número uno de las depuradoras y de los sistemas de alcantarillado: acarrean costes millonarios y causan importantes daños medioambientales

 

Basta ver una fotografía del enorme mazacote de toallitas extraído de cualquier depuradora para apreciar la magnitud de una problemática que ha venido creciendo en los últimos años. Desde que se generalizó su uso, las toallitas húmedas se han convertido en uno de los elementos más hostiles para las compañías que gestionan el saneamiento de las aguas residuales. Todo ello derivado de una mala praxis que es preciso erradicar con urgencia: arrojar las mencionadas toallitas –u otros vertidos no desechables– por el inodoro.

El problema de las toallitas que atascan tuberías domésticas, alcantarillas y depuradoras se ha convertido en una preocupación global. En la actualidad, muchas empresas de saneamiento han tenido que crear grupos específicos de trabajo dedicados a solucionar los atascos en la red y en las estaciones de depuración.

En los últimos meses, han sido varias las ciudades en las que el «monstruo de las toallitas» ha causado estragos. El que apareció en San Sebastián hace un año tenía un volumen similar al de seis elefantes africanos adultos. En Valencia, un tapón de toallitas que pesaba 1.000 toneladas originó una obstrucción de un kilómetro de longitud en sus alcantarillas. Tardaron semanas en limpiarlos. En la Comunidad de Madrid, hasta el momento, no se ha registrado ninguna obstrucción importante por este tipo de residuos, en parte por la orografía del terreno por el que discurren las redes de saneamiento, pero también gracias al mantenimiento preventivo de los más de 14.000 kilómetros de colectores y tuberías por las que circula el agua residual en su camino hasta las depuradoras.

 

 

Los daños que provoca el «monstruo de las toallitas» son medibles a nivel cuantitativo y económico: en el caso de Canal de Isabel II, si tenemos en cuenta que en un año pueden llegar a las depuradoras de la compañía unas 28.000 toneladas de residuos mojados, obtendremos que, de media, cada madrileño vierte anualmente por el váter 4,3 kilos. Como si se introdujeran a presión por el retrete cuatro bolsas de basura bien llenas, una cifra escandalosa. En términos económicos, esa irresponsable gestión de los residuos no desechables entraña para Canal unos costes estimados de 2,2 millones de euros al año. A nivel nacional, según datos de la Asociación Española de Abastecimiento de Aguas (AEAS), la retirada de estos vertidos supone un sobrecoste de 200 millones de euros.

Pero además de los costes económicos, no hay que olvidar el impacto negativo que tienen en el medioambiente estos residuos no desechables. Pensemos que, en algunos casos, la maraña de toallitas podría dejar fuera de servicio las depuradoras, provocando así que el agua vuelva a los cauces sin ser tratada.

En manos de todos está evitar que esto pase, pues al «monstruo de las toallitas» podemos derrotarlo si ponemos de nuestra parte. La clave de la cuestión reside en tirar las toallitas húmedas siempre a la papelera y jamás arrojarlas por el váter. Solo de esta manera lograremos que las alcantarillas se mantengan limpias y que las depuradoras puedan hacer su trabajo sin dificultades. Y, además, estaremos contribuyendo al cuidado de los ecosistemas acuáticos.

 

RECUERDA: LAS TOALLITAS, A LA PAPELERA.

 

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