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EL MONSTRUO DE LAS TOALLITAS TAMBIÉN ATACA A LOS PECES

Muchas toallitas húmedas contienen componentes plásticos que pueden acabar convirtiéndose en comida para los peces e incluso entrar en nuestra cadena alimentaria

 

En apariencia inofensivas, las toallitas húmedas se han convertido en un problema de calado global para las redes de saneamiento debido a que parte de la población las arroja indebidamente por el inodoro, creyendo que el váter es una especie de agujero negro que puede tragar con todo. Nada más lejos de la realidad. Las toallitas y otros residuos sólidos (bastoncillos, tiritas, compresas, preservativos, etc.) suponen un tormento para las tuberías y para las estaciones depuradoras, pues al no desintegrarse en el agua, tienden a apelmazarse y a formar atascos. De hecho, no es raro que, en ocasiones, tengan que retirarse a mano en las depuradoras, adonde llegan intactas.

Más allá de los atascos en la red, las toallitas que se tiran por el váter entrañan otros efectos negativos que podrían parecer inimaginables. Al ser un material más barato y resistente que la celulosa, en la fabricación de toallitas se suelen emplear fibras sintéticas. Estos componentes plásticos luego pasan al agua y contribuyen a la contaminación de los ecosistemas acuáticos, un fenómeno especialmente palpable en el caso de los bastoncillos, que son uno de los diez principales contaminantes plásticos y biológicos del medio marino a nivel mundial.

La situación se agrava cuando las especies acuáticas terminan ingiriendo esos fragmentos de plástico que han llegado al agua, pues no son capaces de distinguirlos de la comida. La aparición de microplásticos en la dieta de los peces provoca daños colaterales: al comer pescados que han tragado previamente partículas de plástico, estas acaban finalmente en nuestro organismo.

El análisis científico ‘First evidence of presence of plastic debris in stomach of large pelagic fish in the Mediterranean Sea’ analizó 121 peces individuales, incluyendo especies comerciales como el pez espada, el atún rojo del Atlántico y el atún blanco del Mediterráneo central, y sus hallazgos fueron sorprendentes: el 18,2 % de las muestras contenía residuos de plástico.

Es cierto que los estudios sobre las consecuencias toxicológicas de la transferencia de microplásticos a los humanos todavía está en una fase inicial que requiere investigación adicional. No obstante, convendría poner freno a esta problemática y evitar correr riesgos. ¿Cómo? Siendo más cuidadosos y responsables en la gestión de los residuos que generamos, especialmente los que tienen componentes plásticos, como toallitas o bastoncillos. Cuando los usemos, recordemos que el inodoro no es su lugar.

 

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