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REUTILIZACIÓN: UNA NUEVA OPORTUNIDAD PARA EL AGUA

 

El agua regenerada adquiere un inmenso valor, pues se puede destinar a diferentes usos sin tener que usar para ello agua potable; además, en casa podemos también darle una segunda vida al agua que usamos

Es posible que alguna vez, mientras dabas un paseo por cualquiera de los muchos parques de Madrid, te hayas topado con un cartelito clavado en el césped con el siguiente letrero: “Este parque se riega con agua regenerada no potable”. Quizá entonces te haya surgido la duda, ¿qué tendrá de especial esa agua? Lo cierto es que mucho, pues se trata de litros que están gozando de un nuevo uso, de una segunda vida diferente a la que un día tuvieron. Empecemos por el principio.

Las aguas residuales procedentes de nuestros usos cotidianos en casa y de las actividades industriales y agrícolas se transportan a través de redes de drenaje urbano hasta las EDAR (Estaciones Depuradoras de Aguas Residuales). Allí, se someten a unos procesos de saneamiento que permiten devolverlas a los cauces de los ríos en condiciones óptimas para el medio ambiente. Durante la depuración, se eliminan los desperdicios, grasas flotantes y, en general, todos los elementos gruesos que pueda contener el agua, además de los materiales decantables y la materia orgánica biodegradable.

Sin embargo, este proceso puede ir un paso más allá en busca de una mayor eficiencia. Así, en algunas depuradoras las aguas residuales se someten a un tratamiento adicional o complementario que permite adecuar la calidad del agua para que esta pueda emplearse en usos no relacionados con el consumo humano: riego de parques y zonas verdes; baldeo de calles; recarga de acuíferos o mantenimiento de humedales; riego de pastos o cultivos, etc.

A estas aguas se las denomina regeneradas y comportan una serie de beneficios nada desdeñable. Además de los sociales y ambientales, el agua regenerada resuelve parte de los problemas derivados del déficit hídrico que pueden sufrir las poblaciones. La ganancia más importante es la posibilidad de reservar el agua de mejor calidad para los usos más exigentes, tales como la producción de agua potable. Dado que el agua es un recurso limitado, la reutilización del agua residual depurada adquiere un valor incalculable, pues contribuye al incremento neto de la disponibilidad de agua en la región. Y es que al utilizar agua regenerada se evita consumir agua potable, lo que permite alcanzar cotas de ahorro superiores al 90 %.

Canal de Isabel II cuenta con 23 instalaciones de reutilización en las que se produce agua regenerada y opera una red específica de más de 500 kilómetros para facilitar su distribución. Actualmente, esta agua regenerada sirve para regar más de 200 parques y zonas verdes en la Comunidad de Madrid. Además, el excedente de producción se utiliza para mejorar el estado de los ríos madrileños. En concreto, Canal destina cada año un 25 % del agua regenerada para sanear los cauces fluviales, una cantidad que se suma al volumen vertido desde las depuradoras. El pasado año se vertieron 125 hectómetros cúbicos de agua regenerada, un volumen equivalente a la capacidad de almacenamiento del embalse de Valmayor.

 

Cómo reutilizar el agua en nuestro hogar

Nosotros también podemos darle una segunda oportunidad al agua que consumimos en nuestros hogares. Se trata de poner en práctica pequeños gestos en los quehaceres cotidianos que, eventualmente, también contribuyen al ahorro. Desde aquí proponemos algunos trucos que pueden resultar de utilidad:

Aprovechar el agua fría de la ducha: a la hora de ducharnos, suele resultar habitual que se pierda por el desagüe una cantidad considerable de agua mientras esperamos a que se ponga caliente. Para evitarlo, podemos colocar un cubo para recoger el agua fría que sale al comienzo. Después, podremos utilizarla para regar las plantas, fregar los platos o el suelo. A propósito de este consejo, ya existen en el mercado bolsas específicas que se cuelgan de la ducha y permiten recoger, almacenar y transportar esa agua con mayor facilidad para utilizarla posteriormente.

No tirar el agua en la que hervimos verduras: después de hervir verduras u hortalizas, acostumbramos a verter el agua sobrante por el fregadero. Si en lugar de tirarla, la utilizamos para regar las plantas ─siempre y cuando no le hayamos echado sal─, estaremos ahorrando agua de forma sencilla y, además, les aportaremos nutrientes extra a nuestras plantas.

Recoger el agua de lluvia: con cubos, contenedores u otros sistemas de recolección del agua pluvial, podemos aprovechar para almacenar el agua de lluvia ─si tenemos patio, por ejemplo─ y luego emplearla para fregar el suelo o rellenar la cisterna.

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